jueves, 25 de septiembre de 2014

Un paseo por Mogor: playa y algo más que petroglifos con vistas al mar



Gallego:  Cando as gaivotas bailan a muñeira hai que gardar o millo na eira
Español: Cuando las gaviotas bailan la muñeira hay que guardar el maíz en la era


Viajando por el litoral de la ría de Pontevedra desde Marín, mientras enfilamos la sinuosa carretera en dirección a las playas de  Bueu y antes de llegar a la localidad costera de Aguete encontramos un indicativo que nomina a un pequeño pueblo con mucho más que un curioso nombre: Mogor. Un topónimo que desde luego no pasa desapercibido y que algún entusiasta de la literatura de Tolkien no dudaría en rebautizar. Pero según los expertos esta palabra proviene de la  base *Mok- o *Muk-, que es un topónimo precéltico que  significa "muro” o en otras acepciones "prominencia, muñón, altura" y no en vano la aldea de Mogor se encuentra en un promontorio elevado, con unas magníficas vistas a buena parte de la ría de Pontevedra, y que por sí mismas ya merecerían esta visita.


  
Pero en Mogor hay mucho más que visitar. A escasos metros por encima de la playa homónima se encuentra uno de los petroglifos más reproducidos y analizados de toda Galicia. Está grabado sobre la roca, y tiene entre 4.000 y 4.500 años de antigüedad, en pleno período neolítico; sus formas sinuosas y concéntricas le han dado el apelativo de "Laberinto de Mogor”. 


En el mismo, aparecen motivos diversos, aunque el principal icono es la famosa forma de laberinto, que ha traído a los historiadores múltiples quebraderos de cabeza. Algunos lo relacionan con el laberinto del minotauro de la cultura minoica, otros consideran que tenía finalidaes rituales... lo que sí se sabe que es que los “Laberintos de Mogor” tienen gran parecido con algunos descubiertos en Laponia, Finlandia, Islandia y Cornualles. Y esto nos lleva a pensar que probablemente todos provienen de un mismo pueblo navegante, con ansia de colonizar el oeste europeo.



Al lugar, con vistas a la ría, se puede acceder desde la carretera de la playa vecina o cruzando la coqueta aldea de Mogor, distribuida en ordenadas manzanas de pequeñas casas blancas con remates en piedra de granito, material habitual en la comarca. 



Bajando por el pueblo hasta la plaza coronada por un cruceiro (un pilar pétreo con una cruz en su extremo superior, muy común en las intersecciones de los caminos de toda Galicia) giramos a mano izquierda y llegamos a un paseo empedrado que nos conduce al área verde donde descansan los petroglifos. El solar está presidido por una  gran roca, llamada "Pedra dos Mouros", que es donde se encuentran la mayor cantidad de petroglifos, y se llega a ella a través de una escalinata de madera. Otra roca cercana recibe el nombre de "Pedra dos Campiños" que también destaca por sus grabados. Pero no son las únicas rocas de interés arqueológico, y quizás descubráis más grabados si observáis con atención otra rocas de la zona.



Pero por si no fuera suficiente el entorno y la belleza de estos grabados rupestres, podemos descansar o darnos un chapuzón en la recogida playa de Mogor, que nada tiene que envidiar a los arenales más conocidos de la zona. Dispone además de aparcamiento y un chiringuito en primera línea de playa.


La excursión podría terminar con una visita al bar del pueblo situado al otro lado de Mogor y desde cuya terraza también se pueden admirar unas buenas vistas. Pedíos un “albariño da casa” y os pondrán una tapa del día (el chorizo casero es de primera) y sobre todo, no dejéis de entrar al local; allí encontraréis a uno de esos loros parlanchines que hacen las delicias de pequeños y mayores. El nombre del loro no os lo vamos a decir, pero os garantizamos más de una sonrisa, ya lo descubriréis si váis por allí. ¡Nosotros repetiremos!


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